Es mediante la acción directa de una llama sobre la superficie de la piedra como se obtiene la textura flameada. Al calentarse, la sílice rompe la superficie lisa, revelando una textura rugosa con ligeras irregularidades. Este acabado confiere a la piedra propiedades antideslizantes, siendo ideal para zonas de piscina, escaleras exteriores, pavimentos de alto tránsito o espacios públicos. La piedra también puede ser flameada después de su colocación, lo que puede representar una ventaja cuando se desea modificar el aspecto visual de un espacio posteriormente.